¿Qué tiene de bueno Amar?, Dlottuz, Cap. 11

Capitulo XI.

—¡AL! —el grito se repite con desespero.
Alexander se alarma y mira con temor a Hanna.
—Ve… Es una pesadilla; las tiene a diario —suspira Hanna.
Alexander corre de inmediato a la habitación y coge a Haru en brazos.
—Estoy aquí —susurra Alexander pasando sus dedos sobre el cabello de Haru.
Haru se lamenta entre balbuceos, pero sentir la calidez de Alexander lo hace volver al
tranquilo sueño.
—Me quedaré contigo aquí, no iré a ningún lado —murmura Alexander mientras se
acomoda a un lado de Haru.
Haru inconscientemente abraza a Alexander; este se sorprende un poco, pero de igual
manera deja caer su brazo para poner la cabeza de Haru sobre él.

Al siguiente día (26 de diciembre del 2011)


Al despertar, Alexander se dirige sigilosamente a la cocina para no despertar a Haru, quien
yacía dormido a su lado.
Al salir de la habitación notó que no había nadie además de Haru y él en el departamento.
Alexander cepilla sus dientes y se dispone a hacer algo de comer, cuando de repente un
grito similar al del día anterior lo pone en alerta.
—¡ALEXANDER!¿DÓNDE ESTÁS? —grita Haru exasperado—. “¿Acaso fue un sueño?”
—pensó entre sollozos.
—¡Aquí estoy! —dice Alexander al llegar apresurado.
Haru lo mira y las lágrimas salen.
—Creí que había sido un sueño —murmuró con las manos en su rostro.
Alexander lo mira, sonríe y se dirige hacia él.
—Claro que no, aquí estoy… Nunca más estaré lejos de ti —dice Alexander mientras
abraza a Haru.
Haru corresponde su abrazo y se aferra a él.
—Haru… —deja salir un suspiro Alexander—. Ven conmigo…
—¿eh? —deja salir desconcertado Haru.
—Ven conmigo a Colombia.
—No iré —se niega Haru.
—¡¿Qué?!¿por qué? —pregunta Alexander con sorpresa.
—No puedo dejar a Hanna sola, ella está así en gran parte por mi culpa —expresa Haru.
—Tengo una solución para ello, así que no te preocupes.
—¿Solución? —pregunta Haru.
—Solo confía en mí, ¿está bien? —sonríe Alexander
Haru asiente.
—Está bien.
—Hice el desayuno, vamos, tienes que comer algo; estás muy delgado —dice por último
mientras carga a Haru en sus brazos para llevarlo al comedor.
Haru se sorprende.
—Espera, puedo caminar… ¿Qué haces? —forcejea.
Alexander sonríe.
—confía en mí —suelta con picardía.
Haru deja de forcejear y lo mira un poco avergonzado.
El día pasó con tranquilidad, Alexander se quedó con Haru todo el transcurso de la mañana
y tarde en el departamento. Platicaron un poco, se rieron y comieron la comida preparada
por Alexander; la cual no era del todo buena.
Ambos apreciaban el atardecer sentados cómodamente en el balcón. En eso Haru
pregunta:
—¿Quién era la mujer de aquella vez?
Alexander lo mira y luego ríe.
—¿Acaso estás celoso? —se burla.
Haru se avergüenza.
—¡Claro que no! Solo quiero saber quien era… Parecían muy cercanos —deja salir Haru.
Alexander ve a Haru, sonríe y lleva su mano al cabello de Haru.
—Ella es Aliz, la hermana menor de Ádam.
—¿Qué?¿hermana? —pregunta Haru desconcertado.
—Asies —asiente Alexander—. Dudo que lo sepas… Nunca sentí la necesidad de contarlo,
ya que para mí Ádam es completamente mi hermano.
Lo cierto es que Ádam y yo somos hijos de madres diferentes.
—¿De verdad? —se sorprendente Haru—. Pero… Las veces que lo oí a él hablando de tu
madre, lo hacía como si fuese la misma..
—Para él lo era —suspira Ádam y coloca su cabeza sobre el regazo de Haru—. Te contaré.
Mi madre y mi padre en un comienzo no pudieron estar juntos por diferencias económicas;
mi madre era una persona ordinaria, mientras que mi padre era hijo de un importante
hombre adinerado.
Desde un comienzo la relación no fue aceptada y ambos fueron separados. Mi padre fue
obligado a casarse con alguien por conveniencia.
—Waoo, parece una serie de televisión esto —interrumpe Haru.
—Pensé lo mismo cuando mi padre me lo contó.
El hecho es que de ese matrimonio nació Ádam, el primogénito de mi padre y posible
heredero de la fortuna de mi abuelo.
Mi padre cargaba con mucha presión encima, poco a poco fue decayendo y así es como su
depresión se hizo presente.
—Creí que eso había ocurrido por la muerte de tu madre —opina Haru.
—Creí lo mismo; luego supe que la depresión de papá era tema de mucho antes.
En ese tiempo papá solo se sumergió en el trabajo.
La madre de Ádam le era infiel con muchos hombres, ella descuidaba a Ádam, creo que lo
odiaba porque Ádam era muy parecido a papá.
A papá nunca le importó esa mujer, así que tampoco puso mucho cuidado en Ádam.
A medida que Ádam fue creciendo se dio cuenta de muchas cosas, y él con ayuda del
personal de la casa donde vivía papá, buscaron ayuda psiquiátrica.
Eso fue lo mejor que pudo hacer Ádam, a pesar de ser un niño, siempre resolvió todo con
madurez.
Lo que Ádam no sabía era que la psiquiatra que estaría a cargo de papá era el amor de la
vida de nuestro padre.
Sin saberlo Ádam los junto. Papá mejoró mucho con la ayuda de mamá. Enfrentó a su
padre y se llevó a Ádam y a mi madre con él a Colombia, ahí hizo su propio negocio que dió
frutos en poco tiempo, se divorció de la madre de Ádam y se casó con mi madre, luego de
ello nací yo.
Ádam recibió por parte de mi madre el amor que nunca tuvo, por eso para Ádam mi madre
era como un ángel.
Mamá nunca nos trató diferente a pesar de que yo era su hijo biológico y Ádam no; ella nos
dió el mismo amor a ambos.
Haru mira afligido a Alexander.
—Entiendo todo, pero ¿cómo entra la hermana de Ádam aquí? —pregunta curioso.
—Aliz es hija de la madre de Ádam con otro hombre.
La madre de Ádam no es una buena mujer; así que al igual que Ádam abandonó a Aliz
también.
Cuando Ádam tuvo la edad suficiente, se hizo cargo de Aliz, la quería llevar a vivir con
nosotros, pero ella se negó y dijo que no quería incomodar, así que le pidió a Ádam que la
mandara a estudiar al extranjero. Ádam aceptó, pero con la condición de que debía hacer
llamada a diario y visitar Colombia periódicamente.
Así que en pocas palabras Aliz es como mi hermana —sonríe Alexander—. ¿Aún sigues
celoso? —se burla.
—¡Dije que no lo estaba! —exclama Haru—. No tengo porque estarlo —murmura.
—¿eh? —curiosea Alexander.
—Tú prometiste siempre estar conmigo, confió en ti, así que no importa que lleguen otras
personas… Tú eres mío —declara Haru mirando al cielo.
Alexander se sorprende y le da un poco de vergüenza.
—Haru… mírame —deja salir Alexander.
Haru mira hacia el rostro de Alexander quien aún yacía en sus piernas, cuando este toma el
rostro de Haru inadvertidamente y le da un delicado beso.
Haru se sorprende, y su pálida piel se torna color rojo.
Él quedó anonadado cuando Alexander le robó el beso, así que cuando pudo volver en sí,
se levantó bruscamente del asiento donde se encontraba, dejando caer a Alexander en el
suelo, ya que este aún tenía su cabeza recostada sobre su regazo. Haru corrió hacia la
habitación, dejando a Alexander con una sonrisa de satisfacción.
—¡Hey Haru!¿a dónde vas? Me acabé de golpear la cabeza por tu culpa. Asume la
responsabilidad —insinúa por último Alexander mientras sale tras Haru.
El mismo día por la noche.
—¿Aló?¿Ádam? —contesta Alexander mientras sale de la cama sin levantar a Haru quien
yacía a su lado.
—Acabé, tomaré el primer vuelo de mañana —afirma Ádam sin titubear.
—Está bien, aunque ya resolví gran parte del problema. Aún así necesito pedirte algo y para
eso te necesito aquí.
—Está bien. No vayas por mí al aeropuerto, tengo algo que hacer al llegar primero.
—Está bien —dice por último Alexander antes de colgar.
Siguiente día en horas de la mañana (27 de diciembre del 2011).
—¿De verdad tienes que ir? —pregunta Haru aún entre sábanas.
—Tengo que dejar todo en orden antes de viajar a Colombia. Eso incluye la universidad, las
prácticas y demás.
Juro que no me demorare mucho.
—Está bien —deja salir Haru con tristeza.
Alexander sonríe y antes de irse le da un beso en la frente.
—“Prefiero que se aferre a mi de esta forma… Aunque eso suene egoista” —piensa
mientras se va.
Las primeras horas de la mañana transcurrieron ajetreadas para Alexander, en la mañana
fue a hablar con el doctor Smith para cancelar su pasantía y luego Ádam lo llamó para
decirle que ya podían encontrarse.
Ambos se dirigieron al departamento que ocupaba Ádam frente a Central Park.
—Buenas —dice Alexander al llegar al departamento.
Ádam se encontraba fumando en el balcón.
—Es bueno verte —sonrie Ádam mientras se dirige hacia Alexander para darle un abrazo—.
¿A qué se debe tanta urgencia? Nunca antes me habías pedido venir.
—Bueno… Como te conté por llamada, encontré a Haru.
Ádam sonríe.
—¿Cómo es que eso pasó?
—Fue por plena casualidad, cuando estaba en medio de mis prácticas en el centro
psiquiátrico, el doctor Smith me pidió revisar varios documentos; entre ellos estaba el
historial médico de Haru.
—¿Dentro de una clínica psiquiatría? Eso significa que… —cuestiona Ádam.
—Asies, Haru padece de algunas enfermedades mentales, entre ellas depresión y
ansiedad, muy parecido a lo de papá.
—Vaya, en bastante serio.
—Es una larga historia el porque, pero no te queria pedir ayuda con ello… Quiero que me
ayudes con Hanna.
—¡¿Hanna?! —cambia de expresión Ádam—. ¿Por qué lo haría?¿qué tiene ella que ver
contigo?
—Ádam, sé que fue muy duro lo que pasó, pero más nadie que tú puede ayudarla. Se lo
prometí a Haru, esa fue su única condición para volver conmigo.
—No lo haré —dice en ipso facto Ádam.
—Haaa… Me decias a mi cobarde y aquí estás huyendo de la persona que amas.
—No sabes nada —murmura Ádam—. ¡No sabes nada! —se altera un poco.
Alexander lo coge de la corbata y lo hala hacia él.
—¡Deja de ser un maldito cobarde! Ella necesita de ti ahora… No busques excusas para
escapar.
—Ella no me necesita… Ella ya tiene a alguien más que cumple ese papel —dice con
indiferencia.
—Ya no… Escuché que ya se casó… Hace unos meses —deja salir Alexander, soltando la
corbata de Ádam.
—¿Qué?¿casarse? Pero ella dijo que nunca la lastimaría… Esa maldita —se sulfura Ádam.
—Asies, ya no están juntas, ¿qué te impide ir por ella?
—Está bien —acepta Ádam.
—Y algo más, necesito que me ayudes con los trámites de traslado, en cuanto a la
universidad como departamento.
—¿Departamento?¿no vivirás en casa?
—Claro que no, viviré con Haru… Necesito completa privacidad —suelta con picardía
Alexander.
—Baia, quien lo diría —comenta con sarcasmo Ádam—. Haré un par de llamadas, en unos
días tendré todo listo.
—Gracias… Espero y todo salga bien —suspira Alexander mirando al vacío —. Bueno me
iré, dejé a Haru solo en casa.
—¿Está bien dejarlo solo en su condición? —pregunta Ádam.
—“Mierda no lo pensé” —medita Alexander —. Hanna no me mencionó nada al respecto
pero, ahora que me doy cuenta tienes razón —dice Alexander preocupado —. Me voy
—salió de inmediato del departamento.
Ádam lo vio irse y dejó salir un suspiro.
—Es demasiado difícil amar —murmura mirando al horizonte.
Alexander tomó su auto y se dirigió apresuradamente al lugar en donde dejó a Haru. Al
llegar, un olor proveniente de la cocina refrescó su expresión.
Alexander no hizo ruido alguno a entrar en el departamento, caminó a la cocina donde se
encontraba Haru de espaldas; Alexander se apresuró discretamente por detrás y sorprendió
de un abrazo a Haru
—¿AL? —exclama con sorpresa—. Creí que tardarías más.
Ya estoy por terminar, toma asiento, ¿has comido algo?
Alexander sonríe, inhala el aroma del cuello de Haru y dice.
—No podía aguantar estar más lejos de ti, así que me apresure y vine.
Y no, no he comido nada, pensé en llevarte a comer… Pero no hay nada mejor como tu
comida.
Haru sonríe y se safa del abrazo.
—Siéntate, te llevaré algo para que comas.
Alexander obedece.
Luego de ello, ambos se sentaron a la mesa. La comida de Haru se veía muy apetitosa, así
que Alexander comió apresuradamente.
—La comida no irá a ningún lado —comenta con sarcasmo Haru.
Alexander le da una breve mirada y luego de tragar la comida en su boca comenta.
—Está comida es para dioses, tengo que aprovechar cada que cocines.
—La cocinaré a diario para ti —sony Haru.
—¿De verdad? No tienes porque hacerlo, no quiero que te sobre esfuerces.
—No lo hago, es lo único bueno que puedo hacer por ti.
—Tú solo existir es suficiente para mi —deja salir Alexander
Haru se avergüenza un poco y camina hacia el balcón.
Alexander sonríe y luego de comer y recoger la loza y lavarla, va a acompañar a Haru quien
aún estaba parado en el balcón.
—Te resfriaras —comenta Alexander dándole abrigo.
Haru no aparta su mirada del horizonte.
—En tres días nos iremos, ¿hay algo que quieras dejar en orden?
—¿Tan pronto? —se sorprende Haru.
—¿Está mal? Puedo cambiar la fecha.
—No, está bien, solo que no creí que sería tan pronto.
Antes de irme quiero ir a ver a los padres de Hanna.
—¿A tus tíos?
Haru asiente.
—Ellos aún están en Nueva York, quiero hablar con ellos antes de irme.
—Está bien, mañana te puedo llevar ¿o quieres ir solo?
—No, quiero que me acompañes.
Alexander sonríe y abraza a Haru por la espalda.
—Está bien —dice por último.

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