¿Qué tiene de bueno Amar?, Dlottuz, Cap. 9

Capítulo IX.

—¿Ha-ru? —tartamudeó Alexander al ver que en uno de los historiales clínicos se
encontraba el de su amado—. ¿Por qué esto está aquí? —murmuró.
—¿Hee?¿dijiste algo? —preguntó el doctor Smith al escuchar un vago murmuro.
—No, solo que la brisa ha estado muy fuerte. Me disculpo —se excusa Alexander
escondiendo el historial clínico de Haru.
—Haaa… Si, hace frío. Puedes cerrarla, tengo un paciente que extrañamente le gusta este
clima.
Alexander sonríe y mientras ve al doctor Smith distraído, saca su celular y le toma una
fotografía al papel que anteriormente había escondido.


Luego de recoger el resto de los papeles, toma lugar nuevamente en el asiento y estudia
detenidamente el perfil clínico de Haru con un rostro tosco y de sorpresa.
—“¿Cómo es que esto pasó?” —Alexander traga en seco y mira en detalle el documento—.
“¿Trastorno depresivo persistente, Trastorno por estrés postraumático, ataques de pánico
recurrentes y tendencias suicidas; desde aproximadamente hace 6 años?¡¿qué carajos
significa esto?!” —se aterró Alexander al leer el repertorio de padecimientos por los que
Haru está pasando—. “Ahora entiendo lo de aquella vez, ahora comprendo lo de las
pastillas. Fui un imbécil, solo huí; tuve que haberme quedado a su lado”.
Alexander sintió una fuerte punzada en su corazón, todo se sintió confuso por un momento;
pero mantuvo la calma.
Al terminar con el pedido del doctor Smith, Alexander se veía algo cansado, por lo que el
doctor al notar su rostro de desagrado, lo envió de vuelta a casa.
—Eso es todo por hoy, te enviaré el horario que deberás seguir a partir de mañana —sonríe
el hombre.
Alexander asiente y sale por la puerta del consultorio, baja las escaleras y mientras lo hace
de su bolsillo saca un celular; marca un número y pone el objeto sobre su oído.
—Cambié de opinión, necesito tu ayuda.
—¿Estás bien? Llevas años diciendo que lo harás por tu cuenta.
—Ádam… Lo encontré, por fín lo encontré —murmura afligido Alexander.
—¡¿QUÉ?!¿DE VERDAD? —grita Ádam al instante—. Si ese es el caso ¿por qué no te
escucho feliz?¿y por qué necesitas mi ayuda si ya lo encontraste? —pregunta ofuscado.
—Es una larga historia. No te la puedo contar por teléfono.
Necesito que vengas a Nueva York.
—¿En serio? Haaa… Alexander.
—Por favor —implora Alexander.
—“Ha de ser importante” —razona Ádam —. Está bien, tomaré el primer vuelo al amanecer;
necesito dejar todo en orden.
—Necesito otro favor —interrumpe Alexander—. Necesito comunicarme con Hanna.
—¿Ha-nna? —balbucea Ádam.
—Sé que tienes la manera de comunicarte con ella. Por favor, hazlo.
—Haaaaa… Alexander carajo, ¿por qué con Hanna? solo te daré su número, no hay
manera de que yo me comunique con ella.
—Comprendo, eso es suficiente. Y… Gracias.
—No hay de qué hermano —dice por último Ádam antes de colgar.
Luego de la llamada, Alexander se dirigió a su departamento, estaba un poco ofuscado, su
cabeza era un caos. En eso su celular suena; era Ádam.
—Lo tengo. Te lo enviaré por mensaje, no te aseguro que ella atenderá el celular —advierte
Ádam.
—Está bien —dice por último antes de colgar.
Alexander observa la pantalla de su celular un par de minutos; y decide llamar al número
obtenido por su hermano.
—Aló ¿quién habla? —pregunta una mujer al momento de ser atendida la llamada.
—Soy Alexander. No cuelgues, por favor.
—¿Alexander? —se sorprende Hanna al escuchar la voz de Alexander—. ¿Cómo es que
me lograste contactar?
—Eso no es lo importante ahora.
Tenemos que hablar.
—¿Qué podría hablar contigo?
—Es sobre Haru.
Hanna cambia su rostro a uno de preocupación.
—Alexander, sé que no te dimos una explicación al irnos pero, es un poco difícil la situación
actual.
—Estoy en Nueva York, y ya sé todo —afirma Alexander.
—¿A qué te refieres? —sale de sí Hanna.
—Descubrí todo Hanna; sobre los padecimientos de Haru.
—¡¿Qué?! ¿cómo puede ser eso posible? La privacidad de esa clínica es absoluta, y nadie
sabe algo al respecto.
—Hanna reitero, eso no es lo importante ahora.
Necesito que nos encontremos lo más pronto posible; merezco explicaciones.
Quiero ser de ayuda para Haru.
—ha ¿ayuda? —se burla con sarcasmo Hanna— te seré sincera Alexander, no creo que
sea conveniente que te encuentres con Haru ahora.
Y tienes razón; mereces una explicación, quiero salir de esto de una vez por todas. Estoy
libre en este momento ¿qué te parece vernos ahora?
Alexander se sorprende al escuchar la sugerencia de Hanna.
—De acuerdo ¿dónde y a qué hora?
—Te enviaré la dirección por mensaje, nos vemos ahí en una hora —ordena por último
Hanna antes de colgar.
Al llegar el mensaje con la dirección correspondiente, Alexander se dirigió de inmediato al
lugar correspondiente.
Al bajar del auto, este se encuentra con un extravagante edificio; el cual pertenecía a una
muy importante cadena de moda y belleza.
—“¿De verdad me hizo venir aquí?’ —cuestionó Alexander.
Al ingresar al lugar, fue recibido por una de las secretarías; la cual lo escoltó al piso superior
del edificio.
Al salir del ascensor y sumergirse en la lujosa oficina; una mujer de cabello cobrizo lo
esperaba con una botella de alcohol en una de sus manos.
—¿Hanna? —murmuró al verla algo desaliñada.
—Heee… Llegaste más rápido de lo que pensé.
Te ves realmente bien —murmura la mujer mirando a Alexander de pies a cabeza.
—Hanna ¿donde está Haru? —pregunta acercándose.
—¿Haru? —balbucea la mujer ingiriendo alcohol—. ¿qué sacas de esto? Ya fue suficiente
—comenta Hanna mirando al vacío.
—¿A qué te refieres? —pregunta confundido Alexander.
—Haru está enfermo, él tú que lo podía ayudar ya no existe. ¿de qué sirve que tú estés
aquí?
—“¿Él yo que lo podía ayudar?” —procesa Alexander—. ¿Te refieres al Alexander de hace
12 años? —pregunta Alexander.
Hanna lo mira anonadada y se levanta de inmediato de donde yacía sentada; dejando caer
la botella de alcohol que yacía en una de sus manos. Camina hacia Alexander, postra sus
manos sobre los hombros de Alexander y mirándolo fijamente dice.
—Dime por favor, que lo recuerdas, dime que recuerdas todo lo de hace 12 años —suelta la
mujer con cara de angustia.
—Hanna… El día que llegó el paquete a mi casa, yo pude recuperar mis recuerdos
—explica Alexander.
—¿Pa-quete?¿Hablas del brazalete? —murmura Hanna dejándose caer al suelo.
—Asies.
—¡MALDICIÓN! —grita Hanna—. Si desde un comienzo hubiera sabido que recuperaste tus
recuerdos… No me lo hubiese llevado —se lamenta Hanna—, solo quizá entonces, nada de
esto hubiese pasado.
—¿A qué te refieres? —pregunta Alexander mientas se inca al suelo.
—¡Fue mi culpa, si yo no lo hubiera alejado de ti, él probablemente estuviese estable!
—exclama Hanna mientras lagrimas salen en cantidad.
Alexander la mira y trata de calmarla. La ayuda a levantarse y la lleva al sofá más cercano.
—Hanna, está bien. Sé cuánto amas a Haru, probablemente lo que hiciste fue por su bien.
Pero ahora quiero que me expliques qué pasó, ¿cómo es que esto pasó?
Hanna lo mira, seca sus lágrimas y procede a narrar lo sucedido.
—Todo comenzó un año después de tu accidente.
No creo que lo sepas pero, Haru siguió yendo al lago los siguientes cinco años, aunque tú
no estuvieses allí.
Alexander mira a Hanna sorprendido, pero no la interrumpe.
—Haru se deprimió mucho, pero nunca expresó odio hacia ti.
El caso es que Haru tenía problemas desde hace mucho antes.
Maldigo cada momento en el que no supe por lo que estaba pasando.
Haru fue sujeto de bullying en su escuela; él nunca dijo nada al respecto, hasta el día que
uno de los estudiantes que lo agredían rompió el jade que tu le obsequiaste. Ese día Haru
fue blanco de una fuerte golpiza pero, esos niños eran astutos, solo golpeaban en partes
que no eran visibles.
El año siguiente de tu accidente, Haru estaba muy frustrado, así que reprimía todo su enojo
y solo lo expresaba por medio de escritos.
Un día, uno de los niños que lo golpeaban, robó su diario; ahí era donde él expresaba su
dolor y frustración. Lo grave del asunto es que en el diario habían muchas cartas dirigidas
hacia ti, cuando los demás niños tradujeron las cartas a su idioma, se encontraron con que
estas eran cartas de amor dirigidas hacia un hombre, desde ese día todo fue un infierno
para Haru.
Lo humillaron por años, lo golpeaban y despreciaban por su aparente orientación sexual.
Nunca nadie intervino, incluso algunos profesores fueron partícipes de todo esto, unos
callaban, otros lo humillaban con sus comentarios, y otros lo golpeaban y le hacían la vida
imposible.
Haru tiene algunas cicatrices en su espalda, abdomen y piernas; esos eran los lugares en
donde se podían esconder los moretones.
Haru tuvo tres largos años de sufrimiento antes de encontrarte nuevamente.
Cierto día las golpizas fueron tan fuertes que dejaron a Haru en cuidados intensivos.
Mi tío Tadashi sufría del corazón, al enterarse que Haru yacía postrado en una cama de
hospital con múltiples heridas; enloqueció, buscó respuestas a diestra y siniestra, pero
nadie le daba explicaciones.
Solo una niña decidió hablar, ella le comentó todos los años de sufrimiento por los que pasó
Haru.
El corazón del tío Tadashi no aguantó y tuvo un infarto, el cual le quitó la vida.
Haru duró varios días inconsciente, y cuando despertó, se encontró con la noticia de que su
padre estaba muerto.
Haru se maldijo constantemente. Fue ahí donde entendí el porque Haru nunca dijo nada, él
sabía sobre la enfermedad de su padre, sabía las consecuencias de esto. Haru era muy
ingenuo y puro, no busco ninguna otra salida.
Luego de eso, él se culpó por la muerte de su padre, además de eso también se culpó por
la muerte de su madre, la cual murió el mismo día que él nació.
Todo eso y el hecho de que tu no volviste más, lo destrozó enormemente, llevando a que
Haru desarrollara depresión y un miedo a las multitudes de estudiantes; el día que lo
encontré en su casa, llevaba tiempo sin ingerir alimentos, estaba tirado en suelo esperando
su muerte.
¡HAAAAAAAA MALDICIÓN! si solo hubiera estado con él —se lamenta Hanna y el llanto se
hace presente nuevamente—. Yo lo convencí de entrar en tratamiento, él aceptó pero con la
condición de que lo trajera aquí.
Cuando te encontró nuevamente, resulta que habías perdido la memoria, él estaba algo
triste, pero estaba satisfecho con tu presencia.
El dia que lo encontraste con una sobredosis de medicamentos, él me pidió que
volviéramos, él dijo que no quería que lo odiases más, y que de igual no lo recordabas, así
que lo mejor era irse.
Si solo no hubiese aceptado, si solo hubiera hablado contigo, si solo… —llora Hanna sin
parar.
Alexander la mira y lágrimas salen de sus ojos.
—Y-yo —balbucea Alexander—. ¡HAAAAAAAA! —grita desesperado dejando brotar sus
lágrimas.
Hanna lo mira con pesar, pero ella al igual que él está devastada.
Cuando Hanna trata de decir algo más, su celular suena. Al revisar el identificador de
llamadas, contesta de inmediato.
—Aló, ¿ha pasado algo?
—Señorita Hanna, el joven Haru está como loco rompiendo cosas aquí en el departamento,
no le puedo dar sus calmantes, temo que vuelva a pasar lo de la vez anterior —explica con
preocupación una mujer desde el otro lado del celular.
—Iré en este mismo instante, por favor esconde los cuchillos, y cierra las ventanas y
balcones —ordena Hanna antes de colgar.
Alexander la mira distraído tratando de calmarse.
—Alexander, Haru tiene constantemente ataques de ira y pánico, en estos momentos está
atravesando por uno.
No creo que todo salga bien pero, creo que debes venir.
Alexander escucha atentamente a Hanna, se pone un poco nervioso pero no se niega en
absoluto.
—Está bien, iré, es lo que he estado esperando —afirma por último mientras seca sus
lágrimas.

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